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No sólo es la campana: al cura que ayuda a los adictos le roban una vez por semana

El último robo que registra la comunidad del párroco Mariano Oberli...

No sólo es la campana: al cura que ayuda a los adictos le roban una vez por semana

El último robo que registra la comunidad del párroco Mariano Oberli...

El último robo que registra la comunidad del párroco Mariano Oberlin ocurrió en la madrugada del domingo, pero sus colaboradores cuentan con pesar que sufren un ataque por semana en una zona “copada por la droga y el delito organizado”.

Durante el ataque más reciente los despojaron de la campana de la parroquia Crucifixión del Señor, ubicada en barrio Müller, zona sureste de la ciudad de Córdoba. El cura que apoya en su recuperación a los jóvenes adictos a las drogas de ese sector de la Capital la había hecho sonar el sábado por la tarde para anunciar la liturgia.

Luego de dar la misa se había recluido en su dormitorio por un estado gripal. Cuando el domingo fue a anunciar la siguiente ceremonia religiosa el campanario estaba vacío.

Durante la madrugada alguien subió por la tapia y con gran agilidad bajó la pesada y fría pieza de bronce. Oberlin no escuchó nada, a pesar de que su dormitorio se encuentra ubicado debajo del campanario de la misma iglesia.

Todos los dedos apuntan contra un vecino de la zona al que se lo vio rondando por la parroquia durante aquella madrugada. Para los referentes del sector, está identificado.

Según fuentes barriales, el hombre habría trepado por la tapia de la casa religiosa, habría subido al techo y habría cargado la campana en su espalda. Todo en soledad. Al otro día –dijeron las fuentes– se lo observó con una cantidad inusual de dinero.

“Es un vecino que está ‘consumido por el pipazo’. Está ‘perdido en la adicción a esa porquería’”, dijo una reconocida voz de la comunidad de barrio Müller que prefirió el anonimato.

El pipazo es la droga que inunda los barrios periféricos de la ciudad capital. En Müller lo comparan con el “paco” que se consigue en Buenos Aires y es un “cigarillo” que se fabrica con el residuo de la cocaína y otras sustancias de descarte.

Provoca un efecto pasajero y una gran adicción. “Ni bien los chicos terminan de fumar uno, ya necesitan otro”, alertan en Müller.

El cura, por su parte, prefirió no hacer especulaciones sobre quién podría haber sido el responsable del robo. “En el barrio hay información sobre un presunto ladrón, pero son especulaciones. Lo que nos preocupa es que todas las semanas registramos un nuevo robo”, advirtió.

También relaciona el problema con el drama de las adicciones. “Los jóvenes están atrapados en el pipazo. En el 2022 teníamos 20 chicos que pedían ayuda en las casas de contención. En el 2023, fueron 40 y este año ya tenemos 90 pibes que tocan fondo y piden apoyo para recuperarse”, detalló.

Entre la larga lista de robos que registra Oberlin se apilan los hurtos de cable, de piezas de motores y de todo tipo de metales.

En concreto, el cura cuenta que los ladrones entran a las sedes donde la comunidad extiende sus redes de trabajo (barrios Campo La Ribera, Müller y Maldonado) y buscan cables en los autos o camionetas estacionadas.

“Roban el cableado eléctrico de las camionetas que tenemos estacionadas. Agarran a mazazos los motores y sacan el cobre. También se llevan todo lo que sea de metal y se pueda vender”, cuenta el párroco.

Chatarreras en la mira

Hace algunos años, explica Oberlin, era más fácil para ellos recuperar los objetos robados. “Se empezaba a correr la voz y siempre terminaba apareciendo el comprador de un celular robado o del objeto que fuera. Era más difícil ‘reducir’ o vender los objetos de valor”, comenta.

Pero según fuentes allegadas al cura en la zona sureste de la ciudad hay entre cinco y siete chatarrerías que se encuentran abiertas durante la madrugada.

Los ladrones, según explican las fuentes, van durante la madrugada a vender los objetos que roban.

Un referente de barrio Maldonado, colindante con Müller, dio detalles a La Voz sobre el procedimiento: “Se acercan a las 3 de la madrugada con el cable quemado y el cobre en bolsitas. En las chatarras lo pesan y si no tienen el dinero en ese momento les dan crédito en alguno de los ‘narcos’ del barrio. Después, cuando hacen la diferencia con el dinero le pagan a ‘los punteros’ (narcotraficantes)”.

Consultado por este presunto funcionamiento del circuito ilegal de la venta de cobre, Oberlin también reconoce que “cada vez con mayor claridad existen indicios de una mecánica ligada al delito organizado”.

“Para la Policía y la Justicia debería ser fácil saber a dónde fue a parar la campana. Cuál de las chatarrerías la compró y a dónde fue a parar. Para nosotros es imposible, no es cómo antes que nos ‘cantaban’ a dónde iban a parar las cosas que nos robaban”, recrimina el cura.

Y remata: “Cuando los cinco dueños de las chatarras y los cinco o seis narcotraficantes que manejan la zona se alíen, Córdoba va a terminar padeciendo una situación parecida a la de Rosario, donde el territorio está dominado por el crímen organizado y la Policía ya no tiene nada más que hacer, porque no van a poder avanzar sobre esas estructuras”.

Para Oberlin aún se puede esperar lo peor: “Con el actual nivel de adicciones que se registran en los territorios y lo que esto genera, estamos cada vez más parecidos a Rosario. Pero ese ejemplo es ‘un bebé de pecho’ al lado de lo que podríamos llegar. Tenemos que mirar hacia México”, plantea.

Fuente: https://www.lavoz.com.ar/sucesos/no-solo-es-la-campana-al-cura-que-ayuda-a-los-adictos-le-roban-una-vez-por-semana/

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